martes, 27 de junio de 2017

El eslabón perdido


El eslabón perdido 


Tras la publicación de las obras maestras de Darwin "El origen de las especies por medio de la selección natural" en 1959 y "El origen del hombre y de la selección en relación al sexo" en 1871, varios científicos reaccionaron positivamente y trataron de aportar.  Uno de los más activos e influyentes fue sin duda Ernst Haeckel. Su obra "Historia de la creación", publicada en 1868, tuvo una enorme repercusión en el desarrollo de la teoría evolutiva, aunque varias de sus premisas fueran más tarde rebatidas por el progreso de la ciencia.




El médico holandés Eugène Dubois leyó con avidez todas estas obras y, en particular, quedó prendado de las conclusiones de Haeckel. En la mente de Dubois nació entonces la idea de la existencia de un ser de aspecto intermedio entre los humanos actuales y los grandes simios antropoideos. En aquellos años apenas se conocía un puñado de fósiles de la población neandertal, que todavía no podían interpretarse en el marco de la teoría de la evolución. Aún no existía un registro fósil como el actual ni métodos para medir el tiempo geológico con cierta precisión, que permitiera establecer la conexión entre los simios antropoideos y la humanidad actual a través de los seis o siete millones de años de la genealogía humana. Habría que buscar ese eslabón de la cadena evolutiva, que tal vez tendría un aspecto intermedio entre los grandes simios y los seres humanos.

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