El ocaso de la oligarquía
Los grandes cambios que el Perú de mediados de siglo estaba
experimentando crearon nuevos contingentes sociales que exigían participación
política. La gran migración cambiaba el rostro del país. A lo largo de la
segunda mitad del cincuenta y los primeros años de la década siguiente la toma
de tierras en el campo y la ciudad remecieron el orden oligárquico. Los
sectores medios emergentes, formados como consecuencia de la expansión del
Estado, presionaban por reformas, mientras los trabajadores urbanos demandaban
mejores condiciones de vida.
La presión de las organizaciones políticas que actuaban en
la clandestinidad, crearon una situación potencialmente explosiva. Las
presiones por la democratización del país se hacían cada vez más masivas. Luego
de violentas movilizaciones en Arequipa y Huancayo, Odría se vio obligado a
negociar una salida política, convocando a elecciones generales en 1956.
Prado enfrenta un país en ebullición. Han terminado las dictaduras militares de derecha y el país está en proceso de transformación. El pueblo ha luchado veinte años por la apertura política y la democratización del país. Sectores estudiantiles, populares y de la pequeña burguesía empobrecida se han radicalizado y crece un pujante movimiento popular sindical, estudiantil y campesino en demanda de cambios. Las huelgas, por cuestiones salariales, son constantes y los conflictos de tierra en la sierra se dan en dimensiones sin precedentes.
Los más graves ocurren en 1959 y 1960 en Casa Grande y Paramonga, dos grandes ingenios azucareros, en propiedades de la compañía norteamericana Copper Corporation, y en la hacienda Torreblanca. Terminan en combates con la fuerza pública y en baños de sangre. Pero el gobierno ha estado del lado de los propietarios nacionales y empresas extranjeras.

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